2011


Cuando empezaba 2008 mi madre me dedicó Perspépolis diciendo que ése sería un año redondo, porque tenía muchas curvas, y que el 2007 había sido malo por esos picos de la última cifra. En su postdata me escribió que bueno, que quizá era achatado más que redondo, pero que eso también estaría bien. Cuando terminó 2008 quise decirle que había tenido razón, que aunque no había empezado demasiado bien, había terminado redondo y que en parte era gracias a su paciencia y presencia, pero bueno, esas cursilerías no eran dignas de mí, así que no le dije nada.

2011 tenía muchas líneas rectas y pocas curvas, pero también ha sido un año redondo. Terminé el posgrado, empecé el doctorado, perdí todas las becas pero conseguí trabajo, me independicé, leí mucho, aumenté mi vida social y conocí a algunas personitas geniales...

Antes era más toc y me importaban todas estas cosas, pero ahora me da bastante igual que mañana sea 2012 y que tenga más o menos curvas. La culpa la tienen los RSS y leer tantas entradas recopilatorias del año. Dicho esto, no sé por qué he escrito esta sarta de chorradas. Una excusa, más menos que más digna, para meter el primer párrafo.

Acabo con algo útil como recompensa. Si estáis en Madrid, en El Gallinero Bar organizan una noche de reyes muy especial, con un taller Drag King impartido por Marina/Mario y una fiesta. Recordé demasiado tarde que trabajo de tardes, pero os envidio mucho a todxs lxs que podáis ir.


Igual para todos


La justicia no es igual para todos en un estado en el que pueden privarte de tu libertad por una falta administrativa aunque eso no sea de derecho, un estado en el que existen los Centros de Internamiento de Extranjeros, donde hay hacinamiento y falta asistencia médica básica o donde el maltrato es política. La justicia no es igual si no tienes papeles.

La justicia no es igual en un estado en el que pueden pararte por la calle si tu color de piel o tus rasgos no son los que se ajustan a lo que unx policía entiende como blancx, aunque eso quede completamente fuera de la ley. La justicia no es igual cuando al denunciar esta ilegalidad eres acusadx de desobediencia y obstaculización de la labor policial. La justicia no es igual si tu color de piel es distinto.

La justicia no es igual en un estado en el que puedes ser acusadx por un crimen con el testimonio de dos policías torturadores y mentirosos como única prueba, un estado en el que puedes terminar suicidándote o en la cárcel durante años por ello. La justicia no es igual si las autoridades pueden pegarte sin motivación legal ninguna. La justicia no es igual si no te ajustas a los cánones estéticos y políticos.

La justicia no es igual para todos cuando existe una figura inviolable y no sujeta a responsabilidad. Cuando para ser esa figura es mejor ser hombre, por derecho. La justicia no es igual si tu apellido es distinto.

La justicia no es igual en un estado en el que a muchas personas con discapacidades psíquicas se les niega el derecho al voto, pese a la ratificación por parte de España de la Convención Internacional de Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU que establece el derecho al sufragio. La justicia no es igual si tus capacidades son diferentes.

La justicia no es igual para todos cuando los desahucios continúan y el consejero delegado del Banco Santander puede ser indultado por el poder ejecutivo. La justicia no es la misma si tus ingresos son más bajos.

La justicia no es igual para todos cuando sólo existen, sólo son legibles, hombres y mujeres. No, la justicia no es igual para todos. O quizá sí, quizá es igual para todos. No para todas. Menos aún para todxs. Ahí quizá tiene razón Juan Carlos y la justicia es igual para todos. Sólo para algunos todos. Y no estamos hablando sólo de gramática. La justicia no es igual si no te ajustas al rígido esquema del género.

Y entonces llega la figura inviolable y no sujeta a responsabilidad y lo dice así. Y se queda tan tranquilo. ¿Se creerá su propio discurso? Y, tras escucharle, parece que todavía hay necesidad de explicar la rabia. God save the King.


Experimentos sociales #1 (2)

Enlace
Hace unos días escribía esta entrada sobre la manera en la que (muchos de) los hombres ocupan el espacio en el transporte público. Mi hermano me dijo que no estaba para nada de acuerdo y que inciaría la observación. Mientras tanto, he encontrado este blog sueco en el que añaden fotos de los asientos del metro de Estocolmo, en las que se ven las diferentes maneras de sentarse. Un punto para Loreto.


De paranoias e histerias

1. Tenía ocho o nueve años. Jugaba al fútbol con lxs vecinxs en una calle a la que llamábamos "la recta". Se fueron todxs a merendar y me quedé sola dándole patadas al balón contra una pared hasta que volvieran. Se acercó un señor con un perrazo, al que ató a un poste. Se acercó a mí y se quedó quieto, con los brazos en jarras, a escasos tres metros, completamente callado y con una sonrisa asquerosa. Se me disparó algún tipo de alarma inconsciente, cogí el balón y me fui a casa corriendo.

2. Hacíamos la prueba de velocidad y resistencia por separado, en el colegio, los chicos y las chicas. Mientras los chicos estaban sentados, las chicas corríamos las cinco vueltas reglamentarias al campo y, cada vez que pasábamos por la línea de meta, donde las escaleritas en las que ellos estaban, cantaban "boing boing boing" y nosotras nos apretábamos lo máximo que pudiéramos los recién comprados sujetadores.

3. Tenía trece años e iba a la calle Argensola a un taller de escritura. Era de las primeras veces que iba sola a Madrid. De día. Un barrio bien. Una moto me siguió muy despacio. El resto de la calle estaba vacía. Paró unos metros por delante de mí y, con el casco puesto, se bajó un poco los pantalones y calzconcillos y empezó a masturbarse mientras se me acercaba y decía cosas. Eché a correr hasta el portal donde era la clase. No le dije nada a nadie en muchos años, como si fuese motivo de una vergüenza horrible.

4. Cuando subíamos la cuesta del Torreón para ir al McDonald's los viernes después de clase, los obreros nos soltaban frases. Recuerdo un día que E. les respondió. Lo que no recuerdo es qué les respondió. En grupo era más divertido, porque sola no me gustaba nada. Me acuerdo perfectamente del "si yo fuera tu padre, tu madre dormiría en la escalera".

5. Con diecisiete años fui por primera vez (y casi última, he de confesar) a una discoteca. Recuerdo perfectamente lo impresionada que estaba con aquel mercado de carne en el que los chicos, apoyados en la pared, miraban pasar a las chicas.

6. Estaba con mi primera novia, en la plaza de Felipe II. En realidad, esta escena podría trasladarse a otras compañías y a otros lugares. Loreto con chica y desconocido o desconocidos que aparecen que (a) se masturban, (b) propoponen un trío, (c) hacen preguntas sobre sexo lésbico.

7. Hará unos cinco o seis años (es que el tiempo pasa muy rápido), estaba leyendo en el metro, de pie junto a una puerta, cuando un señor mayor se me acercó (mucho) y me preguntó si era la dirección correcta para Callao. Asentí: "son tres paradas más". Se quedó quieto, mirándome, antes de decirme: "me excitan las mujeres que leen". Me desplacé a otro rincón del vagón. Entonces, él se colocó junto a otra chica a la que también empezó a molestar. Todo el mundo se daba cuenta, pero nadie dijo nada. Yo tampoco.

Leí el artículo Paranoicas de June Fernández sobre micromachismos y sobre cómo muchos varones (y muchas mujeres, añadiría yo) responden que no son más que exageraciones y paranoias. Mi amigo H. me acaba de pasar otra entrada, la de Ander Izagirre: Son unas histéricas. En ella, una amiga le enumera diez situaciones en las que se ha sentido acosada, desde pequeña y, más adelante, reflexiona sobre el acoso sexual en la calle y sobre la reacción de muchas personas ante su denuncia.

Me gusta cómo habla de un señor que le acosó una noche y cómo, hasta que le vio masturbándose, su única preocupación era que le iba a robar la bici: "Ni se me pasó por la cabeza que yo corriera ningún tipo de peligro sexual. Con 16 años, en mi cabeza no existía ese miedo. Ese miedo que es el primero que le viene a la mente a una chica de esa edad. El chico de 16 años piensa que le pueden robar la bici. La chica de 16, que la pueden violar". Ese miedo nos acompaña desde bien pequeñas, un miedo que nos (re)produce como mujeres y que nosotras mismas también extendemos entre hermanas, amigas, hijas. Miedo que nos genera inseguridad y responsabilidad sobre lo que nos pueda ocurrir. Miedo que influye en cómo nos movemos, por dónde caminamos, a dónde vamos, qué llevamos puesto.

El chico que intenta ligar de forma desafortunada, el amigo que hace comentarios sobre tus tetas sin venir a cuento... puede que pensemos que no es lo mismo y que esas situaciones no pesen en sí mismas, pero como dice June en uno de los comentarios: "[...] lo que ese chico no entiende es que igual es la quinta del día, y que cinco bromas machistas al día sí que minan nuestra autoestima y nos hacen sentir (a muchas inconscientemente) ciudadanas de segunda".


Experimentos sociales #1

Fijaos en el metro. Cómo se sientan los hombres. Cómo se sientan las mujeres. Fijaos en sus piernas. En cómo las abren o cómo las cierran. Fijaos en cuánto espacio ocupan. Y en cómo varía según la raza. Según la clase social. Llevo una semana fijándome. No pensaba que los resultados fueran tan homogéneos.

(También puedes pensar en los criterios que te han llevado a clasificarlos según su género, según su raza, según su clase social).


Feminists fuck better


Vía María Llopis he visto esta imagen que, como eslogan, lleva mucho tiempo dando vueltas por la red y la no-red. De primeras, me ha gustado bastante (así como el tumblr al que me ha llevado). Investigando por un lado y por otro, he llegado a la entrada de un blog que hace unos meses justificaba su reticencia a ese lema en cuatro puntos: (1) se basa en una falsa equivalencia, (2) el hecho de follar mejor o no es irrelevante (no nos hacemos feministas para que tu experiencia sexual sea mejor), (3) invisibiliza a lxs feministas asexuales, célibes o aquellxs que no tienen ningún interés en follar o en que sus artes amatorias sean evaluadas y (4) es soez, no porque el sexo sea soez, sino porque avergonzar a lxs no-feministas mediante la declaración de que follan peor sí que lo es, así como justificar tus ideas políticas con chorradas.

De estos cuatro puntos, me quedo solo con el tercero: la invisibilización de lxs feministas asexuales. Uno de los comentarios a esa entrada dice lo siguiente: "Como feminista asexual, muchas gracias por el punto número 3. El hecho de que seamos pro-sexo no quiere decir que estemos interesadxs en practicarlo".

Soy partidaria, comprendo y comparto la visibilización y politización del sexo que lleva a cabo una parte importante del colectivo queer organizado. Pero me da mucha rabia esa invisibilización, incluso ridiculización de la asexualidad que tantas veces se enuncia. Añado enlace a una interesante entrada sobre ello de Asexual Cupcake (la autora del comentario que he nombrado en el anterior párrafo).


Masoquismo

Entre otras atracciones relacionadas con el masoquismo, está mi pasión por la lectura de páginas Web de carácter sexista, neoliberal, xenófobo, homófobo, y todos los -fobos que se me puedan ocurrir. Durante mucho tiempo, HazteOir (su foro, principalmente) y Libertad Digital (sobre todo los comentarios) fueron mis preferidos. Ahora he descubierto La Gaceta, claro está. Es muy triste descubrir, en realidad, que en relación con la perspectiva de género los comentarios de periódicos autodesignados de izquierdos como Público no sean tan distintos como los de Libertad Digital, por ejemplo. Pero bueno, tampoco hemos nacido ayer y no debemos dejar que nos sorprenda... Cuando hablo de pasión por estas páginas, me refiero a que las leo todos los días y a que durante meses tuve un perfil muy activo en el foro de HazteOir.

Tiempo ha (me encanta el uso de 'ha', no sé por qué se tiene que extinguir...) se aliaron ciertas (presuntamente) feministas con la derecha más conservadora en Estados Unidos para, estratégicamente, perseguir la pornografía. En esa misma línea de alianzas de ciertos colectivos (presuntamente) feministas con actitudes (neo)coloniales e imperialistas, está la defensa de los derechos de las mujeres como argumento a favor de la invasión de otros estados nacionales (de repente George Bush era el mayor adalid del feminismo cuando le dio por declararle la guerra a Afganistán). El famoso enunciado de Gayatri Spivak: "los hombres blancos quieren salvar a las mujeres oscuras de los hombres oscuros" sigue estando muy vigente (muchas mujeres blancas trabajan con estos hombres blancos, no nos olvidemos, claro).

Toda esta política neoimperialista que utiliza el feminismo de forma estratégica es muy similar al uso de los "derechos del colectivo LGTB" como argumento para propagar una ideología de carácter racista, xenófoba y marcadamente islamófoba. Todo esto venía a que estoy fascinada por cómo páginas muy poco destacadas por su identificación con cualquier causa LGTB+ se convierten en los más gay-friendly cuando se trata de poner al islam como enemigo (como es el caso de Libertad Digital). De esta forma, también defienden a Israel como pro-gay (Israel juega muy bien este papel, según su estrategia de lavado de imagen pinkwashing). Ahora mismo estoy enganchada a Con Libertad, un diario de información LGTB relacionado con España y Libertad. Es todo un ejemplo de "gays blancos que salvan a los gays oscuros de los heteros oscuros". Sin equis, claro. Estoy completamente fascinada.


Medeak

El domingo publicaba Pikara Magazine una estupenda entrevista al colectivo feminista donostiarra Medeak.

(...)

Es muy importante borrar el concepto de “dar voz”. Se trata de propiciar espacios donde las personas tomen la voz. Y con las migrantes eso es lo que ha pasado. Las Garaipen se travistieron para salir en la mani del 28-J con nosotras. Eso muestra cómo vamos permeándonos las unas a las otras, y cómo eso se refleja en el cuerpo.

(...)

Las jóvenes hemos crecido en el discurso de la derrota, porque ya no conseguimos montar manifestaciones masivas. No podemos autovalorarnos comparándonos con los años setenta, una época en la que estaba todo el mundo en la calle y que el machismo era mucho más evidente, porque no había ni derecho a divorciarse. Que seamos una escisión de un colectivo estuvo muy mal visto, porque el feminismo clásico apuesta por el todas a la una, y no por la fragmentación. En el contexto actual, un nodo de tres tías produciendo en internet puede tener más impacto que si nos empeñamos a copiar un modelo organizativo que siempre va a terminar en fracaso. Me parece más interesante que cada una se dedique a lo que le motiva, que haya agendas múltiples, que se generen sinergias en diferentes momentos con las putas, con las hackers… Así se avanza, y no pensando que la verdad absoluta la tiene un colectivo determinado.

(...)

Pregunta: ¿Tiene el feminismo algo que aportar en un contexto generalista como el del 15-M, que en ocasiones ha sido hostil, pero en el que también han cabido propuestas feministas?

Kattalin: En este caso me sale a mí también la tentación de decir: “Nosotras ya estábamos haciendo eso, no estáis descubriendo nada”. Sí que hay una falta de reconocimiento. ¿Ahora queréis cambiar el mundo? Yo llevo años intentándolo. El feminismo no ha calado nada en la masa. A mí, personalmente, no me apetece ponerme a explicar a unas personas que quieren cambiar el mundo que feminismo no es lo mismo que machismo. ¿Queréis hacer una revolución? Pues primero informaos. Que asuman una responsabilidad más allá de corear lemas.

Nagore: En Donostia, el 15-M representa la disidencia legítima del sistema, los niños bien que deciden salir a la calle y que sirven para que se defienda que este es un país super sano desde el punto de vista democrático, porque la gente se manifiesta. ¿Y qué es eso de no tener ideología? Un movimiento aglutinador sin ideología no es más que un montón de gente. Dicen que están cabreados, pero tendrán que explicar por qué. Cuando ha habido represión policial contra el 15-M, se han llevado las manos a la cabeza como si quienes hemos sufrido represión policial anteriormente la merecíeramos. Eso sí, que en 15-M más grandes las feministas conspiren desde dentro me parece estupendo. Aunque para mí aparece la contradicción de que estás militando en un movimiento que es la representación del heteropatriarcado.

(...)



Pin pan pun

Ah, sí, que tenía un blog... Por fin me he puesto en serio con la tesis. Y entre eso y el trabajo tengo poco tiempo para escribir sobre bolleras (otras bolleras que no sean las de la tesis, claro). Pensé que sería duro volver a estudiar, leer y escribir sobre cine, pero es un aliciente para levantarme cada mañana, así que estoy contenta: representación, producción y recepción de identidades queer en el cine árabe; caso de estudio: territorios ocupados de palestina.

Para poder "seguir adelante", voy a recopilar todos los links que tenía apuntados. Así podré darle por fin a "leído" en el listado de RSS y viviré tranquila.

Hace casi un mes, eva uvedoble escribió una entrada sobre un par de artistas a las que no conocía: Laura Torrado y Carmela García. Merece la pena indagar.

Pasó el 25 de noviembre y con él el día internacional contra la violencia de género. Alicia Murillo escribía en su blog sobre los carteles que un artículo de El País había recopilado y que los contactos de (por lo menos mi) Facebook compartían sin cesar. "La mujer" siempre como víctima: "En los carteles contra la violencia machista deberían salir hombres violentos no mujeres magulladas con cara de víctimas indefensas". Me quedo con el título de su post: Si me pones la mano encima sales rodando por las escaleras abajo antes de que yo termine de decir "cabrón baboso".

Me fascina la facilidad con la que se promocionan las operaciones de cirugía estética relacionadas con los labios vaginales y el clítoris. Recomendado este artículo de Beatriz Gimeno.

Y ya está; por el momento.


Cajón de-sastre

Tantas veces no sé de qué escribir y otras veces se me acumulan las ideas en la cabeza. Querría citar el proyecto Cartografías feministas de Miriam Solá, que he descubierto hoy y que merece ser explorado. Tampoco quería dejar pasar este blog en el que se compila diversa bibliografía sobre el sistema sexo/género/deseo, y que me descubrió Mabel Longhetti ayer. También estaría bien citar las Jornadas Transmaribollo de la Autónoma (Madrid), que se celebran la semana que viene; al menos las del año pasado merecieron la pena.

Por otra parte, estaría bien comentar que hoy he vuelto a empezar con las charlas en los institutos de este curso. Y que cada vez me cansa más reproducir un discurso que no me identifica, pero sigo intentando convencerme de que es un buen primer paso. Y que nunca hasta hoy me había confesado ningún chaval que había pegado a su hermano y no vuelto a saber nada de él cuando éste salió del armario, por asco. Y que lo volvería a hacer. Y que me repito y re-repito que aunque no entiendan (algunxs) nada de lo que les expliquemos sobre género, que aunque lo único que les importe a muchxs es preguntar cómo se lo montan dos tías, lo más importante es estar ahí, delante de ellxs, y decir soy lesbiana, que me vean, que me escuchen, que sientan asco si quieren, pero ya me vieron y me tuvieron que escuchar.

Y esto es extraoficial. Pero las gaviotas están ahí, vigilando desde arriba. Miedo me da. Qué mierdas miedo. Rabia. Me da rabia.


Matrimonios humanos (III)

Mi amiga Mabel Longhetti me recomienda el artículo "¿Desde cuándo el matrimonio es un camino hacia la liberación?" de Paula Ettelbrick (publicado originalmente en 1989). Me ha parecido muy interesante como compilación de la argumentación de buena parte del colectivo queer contra el matrimonio homosexual, de todas formas, tengo bastantes pegas. Hablé sobre ello en dos entradas anteriores (1 y 2).

Creo que es evidente que el matrimonio no es el fin último del activismo queer, o de la liberación o empoderamiento LGTB+; pero eso no tiene por qué significar que sea un paso atrás o una trampa. Es posible que perdamos a una buena parte del conjunto activista LGTB+ tras la obtención de esta meta, pero supongo que no eran personas con las que pudiéramos contar de todas formas.

Creo que una buena manera de subvertir el matrimonio es abriéndolo a otras posibilidades, el problema sería que se limitara a parejas hetero y parejas gay, por lo que la lucha debiera continuar para que el matrimonio se abriera a todo tipo de relaciones. Esto no quiere decir ni que sea una lucha prioritaria ni que sea la única o la última. Tampoco significa que todas las personas en diferentes relaciones tengan que o quieran registrarse. De todas formas, también hay que respetar las necesidades de institucionalización de cada unx, y si una pareja homosexual está heteronormalizada (al fin y al cabo no importa el sexo/género de cada unx, sino cómo lo expresen, ¿no?), no tiene por qué funcionar de manera diferente a una pareja heterosexual (una pareja hetero también puede ser "heteroqueer", ¿verdad?).

No sé, nunca me terminan de convencer estas críticas al matrimonio; creo que el hecho de que el matrimonio sea y haya sido la institución que es, no quiere decir que no pueda modificarse o subvertirse (¿no se hace con el género?). Otra cosa es que no quisieran/quisiéramos hacer uso de él, ya fuera nunca o mientras no sea realmente igualitario para todo tipo de relacione.


Chúpame el código



Este artículo de Marisol Salanova sobre el ciberfeminismo me ha hecho recordar un texto que hacía mucho que no releía (y que me descubrió N. hace ya casi cuatro años): el manifiesto de la zorra mutante. Fue escrito en 1996 por VNS Matrix, un colectivo artístico australiano surgido a principios de los noventa. Me encanta.

Abres tus alas al viento atómico, que te propulsa de regresoal futuro, una entidad que viaja en el tiempo recorriendo las escurridurasdel siglo XX, una maleta espacial, tal vez un ángel alienígena,asomándote a la profunda garganta de un millón de catástrofes.

pantallazo de un millónmillón de máquinas conscientes

arde brillante

usuarios atrapados en el bombardeo estático de las líneas

mirando sin ver la descarga que garabatea en sus retinas calcinadas

convulso en un éxtasis epiléptico

come código y muere

Succionado, absorbido por un vórtice de banalidad. Acabas deperderte el siglo XX. Estás al borde del milenio, ¿cuál?,¿eso qué importa?

Lo cautivador es la mezcla de fundidos. El contagio ardoroso de la fiebredel milenio funde lo retro con lo posmo, catapultando cuerpos con órganoshacia la tecnotopía.... donde el código dicta el placer ysatisface el deseo.

Applets primorosos engalanan mi garganta. Soy una cadena binaria. Soypuro artificio. Lee mi memoria de sólo lectura. Cárgame entu imaginación pornográfica. Escríbeme.

La identidad se descomprime polimorfa y se infiltra en el sistema desdela raíz.

Partes de un no-todo innombrable cortocircuitan los programas de reconocimientode código empujando a los agentes de vigilancia, convulsos en unataque de pánico esquizofrénico, con un colocón deterror, a una hiperunidad frenética que vomita millones de bitsde datos corruptos.

¿Qué tiene el nuevo milenio que ofrecer a las sucias masassin módem? ¿Agua potable a gogó? La simulacióntiene sus límites. ¿Están los artistas de las nacionesoprimidas en una agenda paralela? ¿No será sólo seleccciónnatural?

La red es la niña salvaje, zorra/mutante, partogenéticadel Gran Papá Mainframe. La niña se nos va de las manos,Kevin, es el sistema sociopático emergente. Encierren a sus hijos,amordaza a la zorra con cinta aislante y métele una rata por elculo.

Estamos al borde de la locura y ruge la marabunta de vándalos.Amplía mi fenotipo, baby, dame un poco de ese mágico javanegro y caliente del que siempre andas pavoneándote. (Ya tengo elmódem entre las piernas). Los defensores del extropianismo estabanequivocados, hay algunas cosas más allá de las cuales nose puede trascender.

El placer está en la de-materialización. La de-evolucióndel deseo.

Somos el accidente maligno que cayó en tu sistema mientras dormías.Y cuando despiertes, terminaremos con tus falsas ilusiones digitales, secuestrandotu impecable software.

Tus dedos exploran mi red neural. El cosquilleo que sientes en las yemasson mis sinapsis respondiendo a tu contacto. No es química, es electricidad.Deja de toquetearme.

No dejes nunca de toquetear mis agujeros supurantes, ampliando mis fronteras,pero en el ciberespacio no hay fronteras
PERO EN EL ESPIRALESPACIO NO HAY ELLOS
sólo hay *nosotros*

Intentando escapar de lo binario entro en la cromozona, que no es unaXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXXYXX
heterofóllame, babyla resistencia es inútil
engatúsame, machihémbrame, mapea mi genoma ABANDONADOa imagen de tu proyecto
implícame artificialmente
quiero vivir eternamente
cárgame en tu brillante, brillante futuro de PVC

CHÚPAME EL CÓDIGO

Sujeto X dice que la trascendencia se encuentra en el límitede los mundos, donde ahora y entonces, aquí y allá, textoy membrana hacen impacto.

Donde la verdad se esfuma Donde nada es cierto No hay mapas

El límite es NO CARRIER/NO HAY LÍNEA, la súbitaconmoción de la falta de contacto, intentar tocar y encontrar unapiel fría...

El límite es permiso denegado, visión doble y necrosis.

Donde la verdad se esfuma Donde nada es cierto No hay mapas

El límite es NO CARRIER / NO HAY LÍNEA, la súbitaconmoción de la falta de contacto, intentar tocar y encontrar unapiel fría...

El límite es permiso denegado, doble visión y necrosis.

Error de línea de comandos

Los párpados caen como cortinas de plomo. Hielo caliente besamis sinapsis en una carrera e(x/s)tática. Mi sistema estánervioso, mis neuronas aúllan – dibujando una espiral hacia la singularidad.Flotando en el éter, mi cuerpo se comprime.

Me convierto en el FUEGO.

Incéndiame si te atreves.

La traducción es de Carolina Díaz Soto y lo he cogido de aquí. Aquí podemos leer la versión original en inglés.


Stories of Queer Africa

Este viernes, Toxic Lesbian organizaba unos diálogos abiertos en El Matadero, donde pude conocer a Selly Thiam, la periodista que dirige el proyecto None on Record, un archivo de entrevistas a africanxs LGTBQ. Ya han recopilado, desde 2006, centenares de entrevistas, algunas de las cuales pueden escucharse en su Web. Un proyecto realmente admirable.


I want a dyke for president


De "I want a president" (Zoe Leonard, 1992)Vía Bar Bloem.


Regla



En el último número de la revista queer online Una buena barba, descubro el proyecto Seeing Red.

Desde siempre nos han enseñado a ocultar nuestros períodos: en los anuncios de productos sanitarios no se muestra nunca la sangre, sino un extraño líquido azul. Pocos espacios sociales permiten tener conversaciones abiertas y francas sobre nuestras experiencias menstruales y el silencio impuesto por la sociedad hace que algunas personas se avergüencen de su menstruación.


La cercana conexión entre la menstruación y la sexualidad es una gran parte de cómo experimentamos este aspecto de nosotrxs mismxs y de nuestros cuerpos, y por tanto es un tema recurrente en nuestras fotografías. Mientras que la regla es algo que tienen en común la mayoría de las biomujeres, también nos interesan otros aspectos de la sangre desde una perspectiva de género, y por tanto, tener un claro lenguaje visual claro y queer es muy importante para nosotrxs.


(...)


Seeing Red trata de hacer visible la constante, pero a menudo oculta, experiencia de la menstruación. Se trata de reconocer y reivindicar la fuerza visual y la belleza en la mancha accidental, la mancha hecha a propósito, y la intimidad de la sangre.

Johanna Samuelson y Anna Gibson


Bloqueo

Estoy bloqueada.

Siento que he olvidado cómo se escribe, cómo se habla. Que no puedo publicar una frase sin introducir cinco palabras grandilocuentes de jerga posmoderna que demuestren lo que he leído. Así que tengo que aprender a hablar otra vez, a escribir otra vez.

Estoy leyendo Sister Outsider, de Audre Lorde. Escalofríos como en los viejos tiempos. Hacía dos semanas que no leía nada. Me gustaría ser capaz de sentir el resto de las cosas de la vida como siento las palabras. Pero todo lo convierto en literatura.

And of course I am afraid, because the transformation of silence into language and action is an act of self-revelation, and that always seems fraught with danger. But my daughter, when I told her of our topic and my difficulty with it, said, “Tell them about how you’re never really a whole person if you remain silent, because there’s always that one little piece inside you that wants to be spoken out, and if you keep ignoring it, it gets madder and madder and hotter and hotter, and if you don’t speak it out one day it will just up and punch you in the mouth from the inside.”

(...)

And it is never without fear — of visibility, of the harsh light of scrutiny and perhaps judgment, of pain, of death. But we have lived through all of those already, in silence, except death. And I remind myself all the time now that if I were to have been born mute, or had maintained an oath of silence my whole life long for safety, I would still have suffered, and I would still die. It is very good for establishing perspective.

(...)

The fact that we are here and that I speak these words is an attempt to break that silence and bridge some of those differences between us, for it is not difference which immobilizes us, but silence. And there are so many silences to be broken.

Audre Lorde: "The Transformation of Silence into Language and Action"


Questions, toilets and poo

Puede que las migrañas tengan relacíón, pero no me apetece mucho escribir estos días. Pero no hace falta; Internet está lleno de imágenes y enlaces.

La imagen pertenece al proyecto A Series of Questions, de L. Weingarten, recomendado por Bar Bloem: Este proyecto en curso explora las dinámicas de poder inherentes a las preguntas planteadas a personas transgénero, transexuales, genderqueer, inconformistas del género y de género fluido, tal y como dice en su presentación.


La pregunta de la izquierda: Are you in the right bathroom? me lleva a un artículo de Sociological Images llamado Go Where? Sex, Gender, and Toilets. Hay una colección inmensa de letreros de baño y un análisis de las imágenes en su relación con el sexo y el género. Poca crítica, sin embargo, a las propias limitaciones inherentes a la rigidez de la dicotomía.

Esto me lleva, finalmente, al proyecto de Coco Riot del que he hablado más veces Genderpoo, que es una de las mejores visiones que he visto nunca acerca del binomio hombre-mujer en los baños públicos.


Y comieron perdices

Dina Goldstein: Y fueron felices para siempre.




Elecciones

Del que considero el mejor libro sobre teoría y prácticas queer que se ha editado desde el estado español, El eje del mal es heterosexual, que releía ayer:

Como mi amante le dijo una vez a su madre: «No elegí esto y sin embargo si tuviera que elegir mil veces continuaría eligiendo esto. De hecho elegí esto».
Ulrika Dahl. El baúl de los disfraces: Un manifiesto femme-inista


Apuntes sobre la locura

Mi madre odia que utilice el adjetivo loca. Supongo que ése es el efecto que se espera de términos como queer, bollera, maricón con intención de empoderamiento. Cuando la teoría queer se convirtió en Teoría Queer (como dicen Sejo Carrascosa y Fefa Vila en "Geografías víricas" [pdf]) y el uso de términos como bollera ligado a la academia se hizo respetable, queer se vació de gran parte de su sentido.

Así, mi madre odia que utilice el adjetivo loca: "Ni estás ni estuvieste loca, tuviste una depresión y ahora eres perfectamente normal". Algo se le retuerce por dentro cada vez que lo pronuncio.

Diagnóstico: Trastorno de adaptación al mundo. ¿Conservo esa ficha?

Cito de memoria, pero, en The Female Eunuch, Germaine Greer dice en un momento dado: "No pudieron cambiar el mundo, así que intentaron cambiarlas a ellas".

Quién decide quién está y quién no está a un lado y a otro de la salud mental.

En realidad, a veces me irrita la facilidad con la que desde algunos sectores radicales se sigue el discurso de Foucault, Deleuze y Guattari sobre la locura (más relacionado con la esquizofrenia) sin tratar de empatizar al tiempo. Sí, la medicina como (re)productora de enfermedades. Como (re)productora de exclusiones y de marginaciones. Sí, la medicina como lápiz que dibuja la línea: tú, aquí; tú, allí. Pero a veces parece que lxs que quieren borrar todas las líneas nunca han estado de este lado.

Da igual que esté o haya estado loca antes o después. Da igual que viva más o menos medicada. Independientemente, es un vector importante de mi identidad. Indudablemente, yo no sería yo sin esa variable. Es curioso que seamos mujeres, seamos bolleras... pero estemos locas. Yo estoy mujer, estoy bollera y estoy loca. Ser/estar es lo más bonito del castellano.

Dejé de escribir ficción porque sólo sabía escribir sobre la locura. Ahora intento escribir ensayo y sólo sé escribir sobre las bolleras. Ficción/Ensayo. Locura/Bolleras. Puede que esta entrada sea la más cercana a la Realidad que haya escrito hasta ahora en este blog.

Ayer fue el día de la salud mental. Fíjate qué oportuna.


Quiero dejar de ser blanca

Hace apenas dos años que me di cuenta de que soy blanca. No sólo en el estado español, sino también en, por ejemplo, Reino Unido, soy leída como blanca. No sé si lo sería en países nórdicos como Dinamarca (lo digo por este texto de Lille Skvat). Supongo que los veintidós es una edad tardía para darse cuenta de que se es blanca. El problema es que no sé cómo puedo dejar de serlo.

Ya he dicho otras veces que no sé cómo escapar de la dialéctica opresorx/oprimidx. Parece que logro eliminar algunas dicotomías pero no sé cómo escapar de otras. Está la figura delx aliadx, ¿verdad? Así podemos escapar de ser opresorxs cuando no somos lxs oprimidxs. Pero, ¿es suficiente un pensamiento/ideología antirracista para convertirse en aliadx? No lo creo.

Quiero poner el ejemplo de otro binomio diferente del de blancx/no-blancx como es el de hombre/no-hombre. Antes, resumo dos problemas que se derivan de utilizar este ejemplo:
1) Hay personas que son blancas y no-blancas, igual que hay personas que son hombres y no-hombres a la vez. Todo depende del tiempo, el espacio, el cuerpo que se autodesigna, el interlocutor que lo lee...
2) Hablar de formas de opresión a lxs no-blancxs en paralelo a las formas de opresión a lxs no-hombres diverge un sistema que está claramente interrelacionado. Yuxtaponer con comas el sexismo, el racismo, el clasismo... dando a entender que, aunque creamos en la interseccionalidad de opresiones, no sabemos realmente cómo transversalizarlas, es lo que provoca que lxs oprimidxs por el sexismo se representen como mujeres blancas y lxs oprimidxs por el racismo se representen como hombres negros (esto me recuerda al título de la magnífica compilación Todas las mujeres son blancas, todos los negros son hombres pero algunas de nosotras somos valientes).

Pese a la problemática, como digo, del ejemplo, sigo adelante con él porque me parece ilustrativo:

Lxs no-hombres están oprimidxs en un sistema machista. Yo soy [leída como] no-hombre. Hay opresorxs y oprimidxs. Yo soy oprimidx. Muchos hombres auto y heterodesignados como hombres expresan verbalmente un pensamiento/ideología antisexista, ¿por qué no les siento tantas veces como aliados? Porque al no renunciar a los privilegios de los que gozan como hombres, mantienen el sistema sexista. Puedo decir: "Pero no tienen por qué renunciar a sus privilegios como hombres. Simplemente, pueden esperar, promover, apoyar que lxs no-hombres tengan los mismos privilegios".

Pero no, porque para que hombres y no-hombres tengan el mismo nivel económico, los hombres deben bajar el suyo; que hombres y no-hombres tengan las mismas oportunidades laborales implica que los hombres tengan menores oportunidades laborales; que hombres y no-hombres dispongan del mismo tiempo para hablar en el espacio público, implica que los hombres deben disponer de menos tiempo para hacerlo. R, por ejemplo, puede, aun siendo hombre, promover, apoyar... un pensamiento antisexista. Sin embargo, aunque critique y se le vayan los demonios porque su empresa no contrate a mujeres porque 'pueden quedarse embarazadas y no vamos a pagar bajas de maternidad' (sic), mantiene su puesto laboral allí, es decir, mantiene su privilegio como hombre de acceso a determinado puesto laboral. Entiendo que tiene que trabajar y que comer y que lo que tú quieras. Pero eso no borra que ocupe la posición de opresorx en el sistema sexista. Por tanto, si quiere dejar de ser opresorx de una forma radical (de raíz), debería abandonar ese trabajo que es un privilegio machista.

Dejar el puesto como acción reivindicativa convertiría a R en aliado. Pero para que dejara de ser leído como no-hombre en el sentido de "persona que no disfruta de los privilegios de un sistema sexista" (lo que le convertiría en oprmido) tendría que hacer, sin embargo, muchísimas más cosas. Debería vivir los embarazos como los viven una persona-leída-como-mujer (motivo por el que exigiría las mismas bajas y lxs presuntxs futurxs jefxs valorarían esta posibilidad a la hora de planteárselo como candidatx); debería encargarse del cuidado no remunerado (cuidado de sí, cuidado de otrxs, cuidado de espacios) como se encarga una persona-leída-como-mujer (motivo que consideraría a la hora de verse obligado a buscar medias jornadas y perder oportunidades de ascensos...). Esto es sólo un par de ejemplos en el campo laboral.

Si me voy ahora al caso de lxs blancxs-no blancxs, parece evidente que no basta con que tenga un pensamiento/ideología antirracista para dejar de ser opresora. Debo abandonar los privilegios que tengo como blanca. Y esos son muchos. Y, aunque intento hacerlo, hay veces que me olvido y que los disfruto como si fueran obvios, como si fueran naturales. No solo hablo de ejemplos como los anteriores, en los que es evidente que debo perder beneficios para conseguir igualdad, sino de casos en los que los beneficios son intangibles e infinitos. ¿A qué me refiero? Puedo perder trabajos que no conseguiría si no fuera blanca o que, ante las mismas posibilidades, consigo yo porque soy leída como blanca [si me voy a opresiones por situación legal y quisiera seguir esta premisa, tendría que abandonar todo trabajo que exigiera que fuese una persona regularmente identificada, ¿no estoy tan comprometida?] porque el número de puestos laborales y de dinero es finito y a repartir, digamos [mente capitalista...]. Sin embargo, el respeto no es finito ni limitado. No tengo una cantidad fija de respeto y tengo que elegir a quién prodigarla. Entonces, ¿debo dejar de ser respetada en un comercio, en un centro laboral, en la calle, en una manifestación, ya que es un privilegio con el que no cuentan las personas no leídas como blancas? Si fuera así, ¿cómo lo hago? ¿Quizá optando por caracterizaciones visibles que sean leídas igualmente como merecedoras de falta de respeto? No lo sé.

Preguntas, todo son preguntas. [En un post demasiado largo como para obtener respuestas...]

Y esto mismo me lo pregunto con otros tantos privilegios de los que disfruto por mi posición como persona-sin-discapacidades, seronegativa, clase media, trabajadora, situación nacional regular, no-inmigrante y etcétera y etcétera y etcétera.


Sexo, poder y cine

Son mis primeras dos semanas de 'vacaciones mentales' en mucho tiempo antes de que mi presunto futuro tutor de tesis dé el visto bueno al borrador del proyecto, así que tengo un poco abandonado este espacio, demasiado ocupada en quehaceres banales. Acaba de salir el nuevo número de la revista semestral de comunicación audiovisual y nuevas tecnologías Icono14, con un volumen especial llamado Discursos de la sexualidad en el cine (se puede leer gratuitamente en línea). Tiene dieciséis artículos, entre los que firmo uno junto con mi compañera y amiga Sara: Sexo, poder y cine: Relaciones de poder y representaciones sexuales en los nuevos relatos pornográficos [esto se considera autopromoción, ¿no?].


LGTB+ e islam español

Hoy (por fin) he defendido mi trabajo de fin de máster en el Departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid: Cuerpos transfronterizos: Diversidad afectivo-sexual e islam en el Estado español. Ha sido una investigación dura psicológicamente hablando, porque nada ha salido como yo quería que saliese. Supongo que es la gracia de las investigaciones, ¿no? Pero yo, entre tanta postmodernidad y tanto flujo de vectores, soy una enferma de las ecuaciones con resultado X igual a números enteros, así que no estoy muy satisfecha con el resultado. A veces pienso que sólo falta que Intereconomía lo prologue para ya terminar de darlo por perdido.

El objetivo de mi trabajo era estudiar el proceso de construcción identitaria y la gestión de la visibilidad de los cuerpos LGTB+ marcados por la variable identitaria islam (cuando hablamos de marcas identitarias podemos referirnos, por un lado, a aquellas que son tomadas voluntariamente y, por otro lado, a adscripciones externas, heterodesignaciones), utilizando un diseño de muestreo teórico, obteniendo, mediante las entrevistas personales y la revisión bibliográfica, una teoría causal sobre la identidad y sobre la (in)inteligibilidad de las personas musulmanas y de las personas no (cis)heteronormativas.

Hasta aquí muy bonito (y muy ambicioso). La hipótesis descriptiva propuesta era que la posición de los cuerpos LGTB+ en el sistema fronterizo (cultura, condición de migrante, situación legal, religión) influiría en una expresión mayor o menor del proceso de construcción identitario. En relación al marcador religioso-cultural musulmán, su aparición en la ecuación revierte automáticamente en una menor visibilidad y participación social como LGTB+. La hipótesis causal, explicativa, infiere que esto se debía a (a) la islamofobia creciente en el Estado español, a (b) el discurso (cis)heteronormativo de las comunidades musulmanas migrantes y a (c) el discurso homonormativo de los colectivos LGTB+ en el Estado español.

[Con esto no quiero decir que la sociedad del Estado español no sea heteronormativa, o que las personas musulmanas, LGTB+ o no LGTB+, no sean también homonormativas, sino que me cerraba a unas realidades concretas que pretendían explicar por qué había personas que, por ejemplo, en Líbano, vivían fuera del armario pero, al llegar a Madrid, volvían a meterse dentro].

El mayor problema llegó a la hora de localizar los informantes. No puedes hacer un trabajo serio sobre el islam español y las identidades LGTB+ partiendo de, tan sólo, cinco informantes. El marco teórico era firme y está [me echo flores] muy trabajado. Pero los informantes no me dijeron lo que yo quería oír [bienvenida al mundo de la investigación]. Mi hincapié estaba en el discurso homonormativo de la sociedad occidental, pero el suyo en el discurso heteronormativo de las comunidades musulmanas. Cuando comencé a hacer el trabajo, pensaba en todas aquellas mañanas en los institutos que, durante las charlas, lxs chavalxs insistían en justificar su islamofobia con un presunto respeto a las personas LGTB+. Me dio la sensación de que eso se había contagiado a muchxs musulmanxs, pero pensar eso significaba minusvalorar la autonomía de sus palabras. Por supuesto, en muchos ámbitos confirmaban mis hipótesis (¿he dicho ya que eran sólo cinco informantes...?): había necesidad de referentes positivos que fueran pares culturales-religiosos, había percepción de islamofobia en el Estado español, había crítica a la doble (y triple, y cuádruple...) discriminación, había conciencia de un discurso heteronormativo en las comunidades migrantes que se reducía a veces a una estrategia identitaria ante la creciente xenofobia, y sí, lo que menos había era visibilidad.

El problema no sé si fue el sesgo de la muestra entrevistada o mi ceguera desde el principio. No supe centrarme teóricamente en esa visibilidad. Tampoco "cabía" en este trabajo, que era tan sólo un acercamiento, pero me quedo con las ganas de profundizar mucho más en ese concepto. En Epistemología del armario, de Eve Kosofsky Sedgwick, las referencias con las que compara, a lo largo del primer capítulo, el ritual de "salir del armario" son de carácter bíblico: la identidad judía de Esther. He trabajado mucho en una conceptualización más amplia de las definiciones de (cis)heteronormatividad y de las diferentes identidades LGTB+. He trabajado mucho en abrirme a una comprensión diferente de la identidad individual, de la identidad colectiva... Pero había olvidado el tema de la visibilidad. No quiero decir que crea en las traducciones culturales como conceptos fijos y aislados que son diferentes e impermeables según la región geográfica; pero sí existe una genealogía diferente de los activismos y de los conceptos, por mucho que sean volubles y que se mezclen, se unan, se separen, una y otra vez. Activistas palestinos LGTB+ han dicho respetar las estrategias de "visibilidad" occidental, pero no necesitarlas: "Podemos tener esta flexibilidad de identidad sin el ‘ritual’ de ‘salir del armario’. No pertenecemos a una cultura cristiana, no tenemos la tradición de la confesión". Y así me he quedado. Pensando que la teoría me ha fallado. Y que me faltan herramientas para seguir investigando. Que no sé si seré capaz algún día de deconstruirme tanto como para dejar de ver la necesidad de la visibilidad LGTB+ como algo universal. Y que mi capacidad de auto-deconstrucción tenga límites tan claros es algo que me asusta.


La homofobia mata

The ability of anyone in the culture to support and honor
gay kids may depend on an ability to name them as such.
Eve Kosofsky Sedgwick

Hace casi un año hablaba de la inciativa It gets better, el proyecto de Dan Savage que, mediante una Web y un canal de Youtube, animaba a lxs chavalxs que sufrían acoso homofóbico en los colegios e institutos (iniciativa que se "tradujo" al español con Tu vida va a mejorar y a que Google Chrome utilizó para este anuncio -venga, vale, es emotivo, sí).

Menos de un mes después, escribí sobre Put this on the map, el proyecto de un grupo de chicxs que pretendían reeducar a la sociedad en relación al género y a la sexualidad. Una de las frases de su vídeo es "This is not about how 'it gets better' when we get old. Do you want me to wait till later? Hell no!" [Esto no va de cómo 'va a mejorar' cuando crezcas. ¿Quieres que espere hasta más tarde? ¡No!].

Producimos una sociedad, no sólo dicotomizada (hombre/mujer, hetero/homo), sino en la que una de las partes del binomio está subordinada a la otra. Educamos a millones de chavalxs en esa sociedad. A través de los medios de comunicación, de los libros de texto, de las películas para menores de 13 años, de los juegos de mesa, de los cuentos infantiles, de la publicidad... patologizamos la homosexualidad e invisibilizamos el resto de sexualidades que quedan fuera del binomio homo/hetero. Utilizamos las palabras maricones y tortilleras delante de los niñxs. Les decimos que tienen que comportarse de acuerdo a ciertas normas que no entienden pero asumen. Interiorizamos que es normal [horrible palabra] que los críxs sean crueles, que se metan unxs con otrxs. Nos callamos cuando un niño de catorce años es acosado diariamente, y en el instituto y en casa lo saben. Nos callamos cuado leemos en redes sociales abiertas que se quiere suicidar y le contestan que se suicide, que es estúpido, feo, gordo y marica.

Como mucho, subimos un video en el que le decimos a él, a todxs esxs niñxs, que todo va a mejorar, que espere, que aguante. Que todo va a mejorar.

Pero para cuando todo haya mejorado y el mundo se haya convertido en ese pasto de piruletas y arcoiris del que hablamos, el niño ya se ha suicidado.


Being


Zanele Muholi (Umlazi, Sudáfrica, 1972) es fotógrafa y activista por el empoderamiento de las mujeres. En su colección Being retrata a lesbianas negras sudafricanas (lamento traducir sin el nivel para hacerlo, pero todo sea por la mamma):

A partir de la esclavitud y del colonialismo, las imágenes sobre nosotras, mujeres africanas, han sido utilizadas para reproducir la heterosexualidad y el patriarcado blanco, y estos sistemas de poder han organizado nuestro día a día de tal forma que ahora es difícil vernos como realmente somos en nuestras respectivas comunidades. Más aún, las imágenes que vemos se sustentan en binarismos que nos han sido constantemente dictados (hetero/homo, hombre/mujer, africano/no-africano). Desde que nacemos, nos enseñan a interiorizar sus existencias, a veces olvidando que si los cuerpos están conectados, conectando, la sensualidad va más allá de conceptualizaciones simplistas sobre género y sexualidad.
A pesar de que, a diferencia de la mayor parte de los estados africanos, nuestra Declaración de Derechos nos garantiza protección legal contra la homobia, no hay fotografías cariñosas, íntimas, de lesbianas negras. Como artista visual, una siempre está confrontada con las políticas de la representación. Tengo la opción de retratar a mi comunidad de una manera que nos convierta otra vez en ese producto para el consumo por el mundo exterior, pero también la de crear un cuerpo de significación que sea bienvenido por nosotras como comunidad de mujeres queer negras. Elijo el último camino, porque es a través de la captura del placer y erótica visual de mi comunidad que nuestro ser se va a ver con claridad, en la conciencia nacional y en la comunidad. Y es a través de mirarnos a nosotras mismas como encontramos amor, risas, alegría que puede preservar nuestra fuerza y recobrar nuestra salud según nos movemos en un futuro que todavía está tristemente lleno de amenazas e inseguridad -VIH/SIDA, crímenes de odio, violencia contra las mujeres, pobreza, desempleo.

En el último año, he perdido a dos de mis amigas de enfermedades relacionadas con el SIDA (una en abril de 2006 y otra en marzo de 2007). Ambas hicieron historia [herstory] en la comunidad lesbiana, pero sus historias no fueron celebradas públicadas. En consecuencia, una faceta de estas imágenes es crear conciencia sobre cómo nosotras, como lesbianas, necesitamos tomar precauciones cuando nos relacionamos sexualmente con otras mujeres. Lxs investigadorxs perpetúan rutinariamente la noción incorrecta de que tenemos menor riesgo de infección y transmisión porque no nos acostamos con hombres. Pero la realidad es que nuestras hermanas y compañeras [fellow sistahs] son violadas y asesinadas en este país todos los días. Quería fotografiar a 'mi gente' antes de que no quedemos ninguna.

Sus fotografías huyen de la figura de víctima a la que se somete a las lesbianas sudafricanas. Su situación no es para nada buena: la plaga de las violaciones correctivas sigue en aumento (sólo en Ciudad del Cabo se producen diez de estos crímenes a la semana); una señal más de que la situación legal (el matrimonio homosexual es legal desde 2006) no es para nada el indicativo del respeto a las personas LGTB+ en una comunidad. Recomiendo también este artículo, a través del que he conocido a la fotógrafa.


Sombra de chico

El sábado (h)ojeaba libros con N. en una tienda cuando nos topamos con uno llamado Julia, la niña que tenía sombra de chico, un pequeño librito que catalogan como literatura infantil-juvenil. Lxs autorxs del texto son Anne Galland y Christian Bruel; y la ilustradora se llama Anne Bozellec.

Nos gustó el título. Nos gustaron las ilustraciones. Nos gustó que la editorial se llamase El Jinete Azul. Nos encantó la edición. Lo leímos en la propia librería y nos gustó que Julia fuese a la vez Julia y el niño que tenía por sombra; nos gustó que hablase de chico-chicas y de ser niño y niña a la vez; nos gustó que llamase al género frascos cerrados y rígidos de pepiniños y pepiniñas; nos gustó (y nos chocó) que hablase con total naturalidad de masturbación.

Editado inicialmente en Francia en 1977, se publicó en España en 1980 bajo el título Clara, la niña que tenía sombra de niño, con algunas páginas censuradas, en la colección La Sonrisa que Muerde de la Editorial Lumen. Es, por tanto, la primera vez que ve la luz al completo.


Pórtate mal

Call the White House 1 (202) 456-1414 Tell Bush we're not all dead yet. (Llama a la Casa Blanca. Dile a Bush que todavía no hemos muerto todxs). Así era el cartel que diseñó el artista Donald Moffett para una de las acciones de Act Up ("Pórtate mal"), un colectivo de seropositivxs fundado en 1987 contra el tratamiento médico, mediático y social del VIH. Digo que el colectivo era únicamente de seropositivxs porque, independientemente de que sus cuerpos portaran o no anticuerpos, el VIH era una identidad política con la que jugaban todxs los integrantes del movimiento.

Nunca me había adentrado demasiado en el mundo del VIH, pese a tener compañeros de activismo muy involucrados. Entre David Halperin y, ahora, la obra sobre activismo audiovisual de Roger Hallas: Reframing Bodies: AIDS, Bearing Witness, and the Queer Moving Image, crece mi interés. Creo que, al no haber vivido el periodo traumático de los años ochenta y al haberse generado mi conciencia política en una época post-sida (no porque haya dejado de existir, sino por su lenta y forzada invisibilización aun dentro de los movimientos LGTB+), no he sido consciente nunca de la importancia de la construcción, por parte de tercerxs, delx seropositivx como estrategia homofóbica.

Precisamente ACT UP (AIDS Coalition to Unleash Power) se hizo con el eslogan Silencio=Muerte para llamar la atención sobre las consecuencias que tenía la falta de articulación de un discurso de empoderamiento en relación al VIH. Transcribo (y traduzco) parte del discurso que dio Vito Russo en una manifestación en Albany y en Chicago en 1988:

Así que, si estoy muriendo de algo, estoy muriendo de homofobia. Si estoy muriendo de algo, estoy muriendo de racismo. [...] Estoy muriendo del Presidente de los EEUU. Y, especialmente, si estoy muriendo de algo, estoy muriendo del sensacionalismo de los periódicos y las revistas y los programas de televisión, que se interesan por mí sólo en tanto en cuanto esté dispuesto a ser una víctima indefensa, pero no si estoy luchando por mi vida.

Si estoy muriendo de algo, estoy muriendo del hecho de que no haya suficientes hombres ricos, blancos y heterosexuales con sida como para que les importe una mierda. Ya sabéis, vivir con sida en este país es como vivir en una dimensión desconocida. Vivir con sida es como vivir en una guerra que sólo ocurre para aquéllos que resultan estar en las trincheras. Cada vez que explota una granada, miras alrededor y descubres que has perdido a más amigxs, pero nadie más se da cuenta. No les está pasando a ellxs. Ellxs caminan por las calles como si no estuvieran atravesando algún tipo de pesadilla. Y sólo tú puedes oír los alaridos de la gente y sus gritos pidiendo ayuda. Nadie más parece darse cuenta.

El resto del discurso es estremecedor. Merece la pena. Y sigue estando vigente (desgraciadamente) más de veinte años después.

[Y una grata sorpresa buscar información sobre Act Up y encontrarse con un artículo (PDF) sobre actiVIHsmo audiovisual escrito por quien fuera mi tutora del fin de carrera].


Estrategias antihomofóbicas


Me estoy leyendo el recomendadísimo San Foucault: Para una hagiografía gay, de David Halperin. Como en tantas obras, destacaría infinitos fragmentos, pero me voy a quedar con sólo un detalle (por ahora). El autor trata de recopilar una serie de estrategias antihomofóbicas, y una de ellas es la apropiación y la teatralización (pp. 70-71 de la edición enlazada):

Un ejemplo de este procedimiento lo dio el diario gay de San Francisco Bay Times en su respuesta al infamante número de Newsweek (21/6/93) consagrado a las lesbianas. El artículo de Newsweek había presentado el lesbianismo a sus lectores, supuestamente heteros, como un fenómeno interesante aunque problemático, que podía ser tolerado socialmente pero dentro de límites estrechos (la fórmula "los límites de la tolerancia" ha sido una típica presentación de los informes del Newsweek sobre la homosexualidad). El artículo proveía también un breve glosario con términos técnicos, tales como butch y femme, a fin de ayudar a que sus lectores adquiriesen familiaridad con las características elementales, aunque arcanas y exóticas, del lesbianismo. El Bay Times respondió diez días después con una parodia. Se retrató en la tapa a una publicación llamada Dykeweek (Semanario Tortillero), imaginando que era una revista semanal dirigida a un público de lesbianas que podían tener curiosidad por los ritos sexuales bizarros de los heterosexuales. También daba una visión de devastadora precisión y maravillosamente alienada de los roles heterosexuales a través de su glosario, que contenía términos tales como: "Esposa: tradicionalmente, la partenaire 'feminine' en una relación heterosexual, responsable de las tareas domésticas y el cuidado de los niños" o "Reproductores: heterosexuales militantes, a menudo violentos, que hacen proselitismo a fin de incitar a los jóvenes para que sigan su controversial modo de vida". De esta forma, el Bay Times sugería que la heterosexualidad, no el lesbianismo, era lo que requería ser problematizado por el tratamiento sensacionalista de los diarios. También quería destacar que la distribución de roles, la polarización de los géneros y las asimetrías de poder son esenciales en las relaciones heterosexuales, y que ellos los toman más en serio que las lesbianas más butch o femme (en la medida en que los ven no como distribución de roles, polarización de géneros y asimetrías de poder, sino como los hechos naturales de la vida). Tal respuesta, en vez de comprometerse con el contenido de las afirmaciones del Newsweek, teatraliza sus estrategias.


Bisexualidad



Una amiga me ha replicado que invisibilizo la bisexualidad en el blog. Estuve a punto de responderle que no era cierto, que siempre hablo de la LGTBfobia, del colectivo LGTB+, que incluso escribí una entrada el 23 de septiembre del año pasado sobre la BIsivilidad. Pero justo antes de darle a enviar me di cuenta de que sonaba exactamente igual que cuando Esperanza Aguirre dice que tiene muchos amigos gays: Oh, sí, incluyo una sigla; oh, sí, ¡¡¡escribo una entrada el día de la visibilidad bisexual...!!!

Lo mejor de todo es que me ha evitado una larga cadena de e-mails porque se ha adelantado a todas mis disculpas. Bien es cierto que la categoría de "bisexualidad", con ese prefijo tan prefijo, refuerza los binarismos de género hombre/mujer. Pero sí, ella tiene razón, la identidad marica o la identidad bollera también lo hacen, como etiquetas monosexuales. Puedo responderle que me gusta más polisexual u omnisexual, pero entonces ¿por qué utilizo la palabra lesbiana y/o bollera? ¿Por qué no me autodenomino polisexual cuando no considero que todas las mujeres que me han gustado/atraído compartan género?

Me ha pasado un vídeo de TV3 de 2007 (gran parte está en catalán, pero se entiende bastante bien aunque no lo hables), cuando la asociación Sin vergüenza debatía incluir la bisexualidad entre sus siglas [me corrigen en los comentarios: hacía tiempo que en sinver estaba la sigla B, el debate era sobre su inclusión en la comisión unitaria por el 28J). Habla Itziar Ziga, a la que he citado bastantes veces en el blog. Ziga critica vehementemente el dualismo que se desprende de la etiqueta bisexual. Pero es la misma que, en las dos entradas en las que la he citado últimamente, defiende la persistencia y necesidad del género como categoría de análisis y como identidad política.

Psicoanalizando mis fobias, llego a la conclusión de que me asusta pensar que darle legitimidad a la bisexualidad hage ininteligibles otras sexualidades. Es decir, yo soy bollera, mi identidad (principalmente política) es bollera, eso es monosexual, e implica que me identifico como mujer y me atraen personas que identifico como mujeres (qué feas suenan las definiciones, y qué poco de acuerdo estoy con ellas según las escribo). Pero no siento que mi identificación como bollera excluya de la inteligibilidad de las personas transgénero no-mujeres no-hombres, de las personas intergénero... Simplemente no estarían en mi presunto ratio de deseo (que grima me dan mis palabras). Sin embargo, cuando pienso en la identidad bisexual siento que pretende ser equivalente a omnisexual y, aquí sí, excluye la posibilidad de una polisexualidad más amplia que la dual. He ahí los orígenes de mi conflicto con la bisexualidad y la fuente de mi bifobia.

Esto me lo acabo de sacar ahora, pues no era consciente. Supongo que he intentado ir muy rápido. Esconder la bandera bi para enarbolar la bandera omni/polisexual es como esconder la bandera bollo para enarbolar la bandera transfeminista. La sexualidad y la política (¿es algo distinto?) es tan amplia y tan compleja que nos permite alzar al tiempo la bandera bi, la bandera omni/polisexual, la bandera bollo y la bandera trans. Lo importante no es qué bandera enarboles, o cómo te autodenomines en determinado momento, sino que tu bandera no implique retirar ninguna otra. Y negar una sexualidad con la que tantas personas se sienten identificadas es, como poco, una enorme falta de respeto. Mis sinceras disculpas (que irán acompañadas de un mayor intento por BIsivilizar, en el blog y en mi vida diaria).

Fuente de la imagen: Lille Skvat


Lenguaje

Siempre que a lxs chavalxs se les pregunta cómo definirían a una persona homosexual dicen: "A quien le gustan los chicos". Yo siempre les pregunto: "¿una chica a la que le gustan los chicos es homosexual?".

Siempre que a lxs chavalxs se les pregunta cómo definirían la pluma dicen: "Pues hacer las cosas como afeminado, hablar como una chica, sentarse como una chica". Yo siempre les pregunto: "si una chica habla como una chica o se sienta como una chica, ¿tiene pluma?".

Obviando el horrible detalle de que definamos (por ampliamente que lo hagamos) la sexualidad y aclarando que, evidentemente, debatimos a qué nos referimos con expresiones como "como una chica", en lo que me quería fijar es que siempre, siempre, siempre, tanto chicos como chicas, definen los conceptos desde la perspectiva masculina. Y nunca deja de sorprenderme.


El mapa del género


Descubro a través del blog I'm Here. I'm Queer. What the Hell I Read? un mapa fascinante. Está en la página Web de la película Two Spirits (Lydia Nibley, EEUU, 2009), un filme que relata la historia delx transgénero Fred Martínez, de ascendencia navaja, que fue asesinadx por su identidad/expresión de género. La película reflexiona sobre las traducciones culturales de las categorías identitarias en torno al sistema sexo/género/deseo.

En un debate sobre este tema, me dijeron un día que moviéndonos en un mundo tan sumamente fronterizo, con tanto (y tan veloz) intercambio de información, hablar de traducción cultural presuponía una serie de conceptos fijos e inamovibles que, en realidad, ya no existían.

En este mapa se presentan expresiones de género diferentes a las normativas a las que aquí (mujer joven blanca de clase media del Estado español) no estamos acostumbradxs: las femminielli italianas, lxs metis nepalíes, lxs ninauposkitzipxpe canadienses... Merece la pena explorarlo.


¿Post-género?


¿Está el feminismo listo para prescindir del género?
No llego a comprender desde qué malinterpretación de las ideas de Judith Butler o Beatriz Preciado se llega a sugerir que el feminismo debe aspirar a prescindir del género. El género es la herramienta de comprensión que nos ha ayudado desde mediados del siglo XX a comprender cómo operan las relaciones de poder patriarcales. Y en su misma definición alude a la versión que cada una y uno encarnamos de toda una complejísima combinación de mandatos sociales en torno a la feminidad y a la masculinidad. No somos globos de helio. Cuando escucho que debemos desmontar el sujeto político mujeres para avanzar en nuestra liberación, me entran ganas de abofetear. ¿Cómo hostias luchas contra la feminización de la pobreza sin aplicar nociones de género?

Itziar Ziga en Gara


El pueblo gay


Me voy a la noticia que ayer se expandió por Twitter y Facebook y que nos hacía irremisiblemente pensar en El Mundo Today (un diario satírico online): El municipio malagueño Moclinejo celebra un referéndum para decidir si se convierte en pueblo gay. No, no, no es broma.

Como soy una pedante, voy a hacer una serie de reflexiones pretenciosas y pretendidamente serias sobre lo que parece bastante banal, basándome únicamente en los datos que se aportan en la noticia del Diario de Málaga a la que he enlazado.

Vale, un pueblo gay. Pero qué gilipollez es esta. ¿Desde cuándo los pueblos tienen orientación sexual? ¿Desde cuándo? ¡Desde siempre! La geografía, las ciudad, el pueblo (sobre todo el pueblo) son heterosexuales. El urbanismo es heterosexual y la arquitectura es heterosexual (advertido principalmente en las dicotomías espacio público-espacio privado, lugar de producción-lugar de reproducción). Elx ciudadanx que lo habita se presupone heterosexual y su modelo de familia que lo puebla es heterosexual. Así que sí, es una gilipollez. Pero los pueblos tienen orientación sexual. Así, no suelen ser diversos y abiertos a la diferencia, sino cerrados a una sola opción afectivo-sexual (supongo que en el pueblo gay no se hará bullying a lxs niñxs hetero en el instituto, ¡punto para Moclinejo!).

¿Las casas de rosa? ¿Qué tendrá que ver lo gay con lo rosa? ¿Estética característicamente gay? Pues sí, lo gay tiene que ver con lo rosa. Si se trata de esencializar las identidades y relacionar unilateralmente a las mujeres hetero (todo el mundo sabe que a todas las mujeres hetero les encanta el color rosa) con los hombres gay a la manera del concepto de invertido, entonces no, no es bonito. Pero asociar lo rosa con lo gay es más una subversión de lo que se supone que tiene que ser un hombre y de lo que se supone que tiene que desear un hombre. Así visto, no está tan mal.

¿Casas para homosexuales? ¿Les piden el carné? ¿Qué clase de discriminación absurda es esta hacia los hetero? Habría que preguntar cuántas parejas de chicas o de chicos han sufrido que unx caserx les niegue el alquiler una vez descubren la naturaleza de su perversa relación (algo completamente ilegal pero que sí, señorxs, sigue pasando). Ahora bien, ¿casas para gays? ¿Cómo medimos esto? ¿Qué clase de homonormatividad se va a introducir aquí?

¿Qué pasa? Entonces, ¿te parece bien la chorrada ésta? No. Lo que quiero decir es que ponemos el grito en el cielo porque quieran que un pueblo, de repente, 'sea gay', cuando llevamos siglos viviendo en pueblos 'hetero'. En realidad, si nos dejamos de chorradas, la supuesta medida a tomar en Moclinejo está destinada a fomentar el turismo y reactivar la economía, ya sabéis, las maricas siempre traen dinero y cuando se trata de dinero siempre somos bienvenidOs. Se trata de un juego tremendamente homonormativo (cómo se supone que deben ser los gays y cómo no se puede uno salir de ese esquema para ser un buen gay). No olvidemos que por mucho que cambie la orientación sexual de Moclinejo, su identidad de género sigue siendo totalmente masculina.

Bueno, entonces genial, vámonos todxs a vivir a Moclinejo... Sí, supongo que es mucho más fácil meternos a todxs en un pequeño municipio. De hecho, también te puedes quedar en Madrid y no salir de Chueca. O mudarte a Barcelona y no salir del Eixample... El problema no está en los supuestos 'guetos' LGTB+, sino en los verdaderos guetos hetero. No entremos, quedémonos en nuestro "paraíso", no nos vayamos a acordar si salimos de que seguimos dando asco.


Acoso callejero


En Líbano, un grupo de activistas feministas han lanzado una Web desde la que denunciar el acoso en las calles. En Egipto, seis personas han lanzado el HarassMap, un mapa en el que se marcan los lugares en los que se sufre acoso sexual, en forma de silbidos, toqueteos, miradas lascivas (no sé de qué otra manera traducir ougling), comentarios, llamadas, exhibicionismo, expresiones faciales... incluso agresiones y violaciones.

Fue precisamente en Egipto donde corrió como la pólvora un e-mail con la imagen de la cabecera: No puedes pararles. Pero puedes protegerte. Tu creador tiene tu propio interés en el corazón. Bajando en el mapa llegamos al famoso 'condón femenino dentado' de Sudáfrica, un artilugio que se coloca la mujer como un tampón y que, si es penetrada, se adhiere dolorosamente al pene del hombre.

Estas dos últimas noticias me recuerdan a la declaración de ese policía canadiense cuando hablaba de seguridad personal en la Universidad de York (Se supone que no debo decir esto; pero bueno, las mujeres deberían evitar vestir como putas si no quieren ser víctimas) y que motivó las marchas de las putas.

Parece que este tipo de mandatos (ponte el velo si no quieres que te acosen, ponte dientes en la vagina para evitar que te violen, no te vistas como una puta si no quieres que te agredan...) son escandalosos. Sin embargo, ¿es muy diferente a lo que vivimos y a lo que parecemos estar acostumbradxs? El miedo a la violación te lo inculcan y lo inculcas desde muy pequeña: tus padres, tus amigas, los medios de comunicación... Está implícito en tu (re)producción como mujer.

Un miedo que te obliga a elegir las calles por las que transitas por las noches, un miedo que te obliga a elegir la ropa que te pones cuando vas a determinados sitios, un miedo que te obliga a bajar la cabeza cuando te cruzas con hombres a altas horas. Este miedo no sólo genera inseguridad y angustia, sino también responsabilidad entre las mujeres: si te acosan o si te agreden es porque no te pusiste el velo, es porque no te pusiste la vagina dentata sudafricana, es porque ibas con una falda muy corta...

No recuerdo bien las palabras (tengo el libro en casa y, nuevamente, escribo desde el trabajo) pero Virgine Despentes desdramatiza en Teoría King Kong la violación. Cuando leí ese capítulo, me pareció lo más fuerte que jamás hubiera tenido entre mis manos desde que me adentraba en el mundo de la teoría feminista. Reitero que hablo de memoria, por lo que es más cómo digerí yo sus palabras que las palabras de la propia Despentes: Hay que asumir el riesgo a la violación. Está ahí, pueden violarte, pero puedes sobrevivir a ello.

En realidad entiendo que se tomen medidas para empoderarse ante ese miedo: clases de defensa personal, por ejemplo; estar concienciadxs de las relaciones de poder que dominan la sociedad en la que vivimos... Lo que más me revienta es que no se trate de meter a los hombres de una forma activa en este juego, que no se les haga conscientes de que ellos, todos, también tienen su parte de trabajo: desde controlar sus deseos de piropear a una chica por la calle hasta tratar de hacerse visibles e inofensivos cuando comparten una calle vacía con una desconocida por la noche.

En otro orden de cosas, entender que comentarios, gestos... en la calle también son acoso y también son agresión da para otra entrada.


Hablar de sexo

Esta tarde (el trabajo es lo que tiene) he descubierto un blog estupendo: Mari Kazetari (significa algo así como Doña Periodista en euskera), de June Fernández, una de las coordinadoras de Pikara Magazine. Navegando un poco he dado con la entrada Morbosas: "En resumen, que estoy hasta el coño de que cuando hablo de sexo los hombres me transmitan lascivia".

Me acuerdo entonces de todas esas veces en las que, por hablar de sexo, me hacen sentirme una puta, con toda la carga negativa que para el interlocutor tiene ese término. Además, se le suma el reproche de ser una exhibicionista y la impresión de ser una gran experimentada. Me gusta hablar de sexo porque me gusta el sexo, no porque sea una gran experimentada ni porque sea una persona especialmente sexual. Me gusta hablar de sexo porque reivindico la necesidad de que las mujeres puedan hablen de sexo.

Recuerdo especialmente una noche en Londres. Vivía con un inglés y con un francés de unos veintiún años. Estábamos en el salón cenando con unas amigas francesas de la isla de la Reunión. No recuerdo qué chico hizo un comentario en torno a la pornografía cuando una de ellas se escandalizó, comentando que las mujeres no necesitábamos ni usábamos eso. Salté afirmando que claro que muchas mujeres consumíamos pornografía (consumir, qué verbo más curioso). El debate, entonces, no giró en torno al porno sino en torno a la masturbación y a las necesidades sexuales de hombres y mujeres.

Ninguno de los cinco presentes habían oído nunca decir a una mujer que se masturbaba y mucho menos que veía porno. Intentaban justificarlo: "Bueno, sí, algunas mujeres puede, con películas con más sentimiento y amor". Yo no daba crédito y solté una perorata sobre construcción cultural de las expectativas y prácticas sexuales, pero como toda respuesta no recibía más que caras de asombro y desprecio. No puedo imaginarme por dónde habría discurrido el debate si se hubiera dado ahora, que han cambiado en mí tantas cosas...

Pero lo peor no es la sorpresa que me llevé, sino la sensación de suciedad con la que lograron impregnarme. A estas alturas.